Santa Pau Girona: Guía del pueblo medieval y volcanes

En el corazón de la comarca de La Garrotxa, en la provincia de Girona, se encuentra Santa Pau, un pueblo que parece detenido en el tiempo. Este destino catalán es una auténtica joya medieval, rodeada por un paisaje natural de una belleza sobrecogedora.
Su singularidad reside en la perfecta simbiosis entre un patrimonio histórico excepcional y el entorno del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa. Santa Pau no es solo un pueblo, es una puerta de entrada a un mundo de volcanes inactivos, coladas de lava y frondosos bosques. Sin duda, el pueblo Santa Pau es un lugar que invita a la exploración y la admiración.
El casco antiguo, declarado Conjunto Histórico-Artístico, invita a perderse por sus calles empedradas, descubrir sus plazas porticadas y admirar su imponente castillo. Es un viaje directo a la Edad Media, donde cada rincón cuenta una historia. Si te preguntas qué ver en Santa Pau, la respuesta está en cada esquina de este encantador lugar.
Más allá de sus murallas, la naturaleza reclama su protagonismo. Rutas de senderismo conducen a lugares tan mágicos como la Fageda d’en Jordà o el cráter del volcán de Santa Margarita, ofreciendo una experiencia completa para los amantes de la historia y el aire libre.
Además, la gastronomía local, con los célebres fesols de Santa Pau como estandarte, añade un aliciente irresistible a la visita, convirtiendo esta escapada en una experiencia para todos los sentidos.
Qué ver en Santa Pau: Un paseo por su casco medieval
Explorar el núcleo antiguo de Santa Pau es una experiencia inmersiva. El recorrido está perfectamente cohesionado, permitiendo descubrir sus tesoros de forma natural y sin prisas. Lo ideal es dejar el coche en los aparcamientos habilitados en la entrada del pueblo y comenzar la aventura a pie. Este es el momento perfecto para conocer más sobre sant pau pueblo y sus maravillas.
El pueblo creció orgánicamente en torno a su castillo y la iglesia, conformando una estructura urbana medieval clásica, con calles estrechas y sinuosas que se abren a plazas llenas de vida. Cada paso es un descubrimiento, desde los arcos de piedra hasta las ventanas góticas que adornan las fachadas.
Plaza del Mirador: La primera impresión
El punto de partida ideal es la Plaza del Mirador. Como su nombre indica, ofrece una de las postales más icónicas y espectaculares de Santa Pau. Desde aquí, la vista panorámica del recinto amurallado es simplemente magnífica.
Se puede contemplar el perfil del pueblo, con sus casas de piedra apiñadas, el robusto campanario de la iglesia gótica y los restos de la antigua muralla. Es el lugar perfecto para orientarse y comprender la disposición de la villa medieval antes de adentrarse en ella.
En esta plaza se encuentra el bar Can Pauet, cuya terraza es un lugar privilegiado para tomar algo mientras se disfruta del paisaje. Justo al lado, el edificio del Ayuntamiento, de un curioso estilo ecléctico, contrasta con la uniformidad medieval del resto del conjunto, añadiendo un toque distintivo.
Plaza Mayor o Firal dels Bous: El corazón del pueblo
Descendiendo desde el mirador, se llega al epicentro de la vida social de Santa Pau: la Plaza Mayor, también conocida como Firal dels Bous, ya que antiguamente acogía ferias de ganado. Su diseño irregular y sus soportales la convierten en un espacio único.
Los arcos desiguales que la rodean crean un ambiente acogedor y pintoresco. Bajo sus galerías porticadas se respira la historia, imaginando el bullicio de los mercados medievales que aquí tenían lugar. Hoy, es un lugar tranquilo donde disfrutar de la arquitectura popular.
Presidiendo la plaza se alza la Iglesia de Santa María, un templo gótico construido en el siglo XV. Su fachada es sobria y austera, con un gran rosetón y una sola nave, características del gótico catalán. Su campanario cuadrado es uno de los elementos más reconocibles del perfil de santa pau girona.
Castillo de Santa Pau: Origen de la villa
A pocos metros de la Plaza Mayor se encuentra el Castillo de Santa Pau, el edificio que dio origen al pueblo. Esta imponente fortaleza, documentada desde el siglo XIII, fue la residencia de los barones de Santa Pau. Su estructura robusta y su torre del homenaje evocan su pasado defensivo.
Aunque ha sufrido modificaciones a lo largo de los siglos, conserva su esencia medieval. El castillo se organiza en torno a un patio de armas y presenta elementos que van desde el románico tardío hasta el gótico. No es visitable en su interior al ser de propiedad privada, pero su exterior es impresionante.
Junto al castillo, el restaurante Cal Sastre se integra perfectamente en el entorno. Ocupa un edificio histórico y es uno de los mejores lugares para degustar la gastronomía local, especialmente los famosos fesols con butifarra, en un ambiente cargado de historia.
El Portal de la Vila Vella y el Carrer del Pont
El paseo continúa por calles con tanto encanto como el Carrer Vila Vella. Aquí se encuentra una curiosa escultura de bronce llamada Nena de Santa Pau, que añade un toque artístico al recorrido. Esta calle conduce directamente a una de las antiguas puertas de la muralla.
El Portal de la Vila Vella es uno de los mejor conservados y atravesarlo es como cruzar un umbral en el tiempo. Al otro lado, las vistas del entorno natural que rodea el pueblo son espectaculares, ofreciendo una nueva perspectiva del paisaje de La Garrotxa.
Desde aquí, se puede seguir hacia el Carrer del Pont, que desciende hacia el río Ser, completando un recorrido circular que permite apreciar la belleza del pueblo desde todos sus ángulos y entender su relación con el territorio.
El Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa

Santa Pau es el epicentro del parque natural más importante de la península ibérica en cuanto a vulcanismo se refiere. Dedicar al menos un día completo a explorar sus maravillas es prácticamente obligatorio. El parque ofrece una red de senderos bien señalizados que conectan sus puntos más emblemáticos.
La experiencia combina el senderismo con la geología y la botánica, en un entorno donde la acción de los volcanes, inactivos desde hace miles de años, ha modelado un paisaje de una belleza singular y única en Cataluña. Este entorno natural hace de Santa Pau un destino deseado por los amantes del aire libre.
La Fageda d’en Jordà: Un hayedo singular
La Fageda d’en Jordà es, sin duda, uno de los lugares más mágicos de la Garrotxa. No es un hayedo cualquiera; lo que lo hace excepcional es que crece sobre la colada de lava del volcán Croscat, a una altitud inusualmente baja para este tipo de árbol (unos 550 metros).
El terreno, llano pero salpicado de pequeñas lomas de lava solidificada (conocidas como tossols), crea un paisaje de ensueño. Pasear por sus senderos, especialmente en otoño cuando las hojas adquieren tonalidades ocres y doradas, es una experiencia inolvidable. El silencio, roto solo por el crujir de las hojas, envuelve al visitante.
Volcán de Santa Margarita: Una ermita en el cráter
A poca distancia de la Fageda se encuentra el volcán de Santa Margarita. Su principal atractivo es su cráter, amplio y perfectamente circular, en cuyo centro se levanta una pequeña ermita de origen románico. La imagen es tan sorprendente como hermosa.
La ascensión hasta el cráter es relativamente sencilla, a través de un sendero bien acondicionado que serpentea por la ladera del volcán, cubierta de bosques de encinas y robles. Una vez arriba, se puede descender al interior del cráter y visitar la ermita, un lugar que invita a la calma y la contemplación.
Volcán Croscat: Un corte geológico a cielo abierto
El volcán Croscat es el más joven de la zona y ofrece una visión espectacular de la estructura interna de un volcán. Durante años, sus laderas fueron explotadas como cantera, lo que dejó al descubierto un impresionante corte transversal de más de 100 metros de altura.
Este corte permite observar las diferentes capas de materiales volcánicos, con sus característicos colores rojizos y negruzcos, conocidos como gredas. Hoy en día, la cantera está restaurada y se ha habilitado un itinerario que permite caminar por su base y admirar de cerca esta maravilla geológica, una lección de vulcanología a cielo abierto.
Gastronomía: El sabor de la tierra volcánica
La cocina de La Garrotxa, y en particular la de Santa Pau, está profundamente ligada a su tierra. Los productos que nacen de este suelo volcánico, rico en minerales, tienen un sabor y una calidad excepcionales. La gastronomía es, por tanto, una parte fundamental de la experiencia.
Conocida como cocina volcánica, se basa en ingredientes de proximidad y recetas tradicionales que han pasado de generación en generación, pero que también se han adaptado a los nuevos tiempos, ofreciendo propuestas innovadoras sin perder su esencia.
Los Fesols de Santa Pau: La joya culinaria
El producto estrella es, sin lugar a dudas, el fesol de Santa Pau. Esta pequeña alubia blanca, de textura mantecosa y piel finísima, cuenta con Denominación de Origen Protegida (DOP). Su calidad se debe a su cultivo en el suelo volcánico del municipio.
El plato más emblemático es el de fesols con butifarra, una combinación sencilla pero exquisita. Sin embargo, su versatilidad permite encontrarlos en ensaladas, salteados o como acompañamiento de carnes y pescados. Probarlos es obligatorio para cualquier visitante.
Otros platos y restaurantes recomendados
Más allá de los fesols, la gastronomía local incluye excelentes embutidos, carnes de caza y productos del bosque como las setas. Otro plato muy famoso en la comarca son las patatas de Olot, unas patatas rellenas de carne, rebozadas y fritas, que se pueden degustar en el restaurante La Deu, cerca de Santa Pau.
En el propio pueblo, además del ya mencionado Cal Sastre, hay otras opciones recomendables para disfrutar de la cocina local. La combinación de un entorno medieval con una comida basada en productos de alta calidad es una fórmula infalible para una experiencia memorable.
Pueblos cercanos con encanto

La ubicación estratégica de santa pau girona lo convierte en una base ideal para explorar otros tesoros de la comarca. A poca distancia en coche se encuentran algunas de las villas más espectaculares de Cataluña, que complementan perfectamente la escapada.
Castellfollit de la Roca: Suspendido en el abismo
A solo unos kilómetros, se encuentra Castellfollit de la Roca, un pueblo que desafía la gravedad. Está construido sobre una espectacular pared basáltica de más de 50 metros de altura y casi un kilómetro de largo, formada por la superposición de dos coladas de lava.
La imagen del pueblo, con sus casas colgando al borde del precipicio y la iglesia de Sant Salvador en el extremo, es una de las más fotografiadas de Cataluña. Pasear por su estrecha calle principal es una experiencia única, con el abismo a ambos lados.
Besalú: Un viaje a la Edad Media
Otro destino imprescindible es Besalú, considerada una de las villas medievales mejor conservadas de España. Su principal icono es el magnífico puente románico fortificado del siglo XII que cruza el río Fluvià, dando acceso a la ciudad.
Perderse por su laberíntico casco antiguo es un placer. Destaca su antigua judería, donde se encuentra una de las pocas mikvés (baños rituales judíos) medievales que se conservan en Europa. El Monasterio de Sant Pere y la Iglesia de Sant Vicenç son otras joyas de su patrimonio.
Dónde alojarse en Santa Pau y alrededores
La oferta de alojamiento en la zona es variada y se adapta a todos los gustos y presupuestos, desde hoteles con encanto en el centro histórico hasta casas rurales inmersas en la naturaleza del parque natural.
Para quienes deseen vivir la experiencia medieval al máximo, el Hotel Cal Sastre, en el corazón de Santa Pau, es una opción excelente. Sus habitaciones, ubicadas en edificios históricos restaurados, combinan el encanto rústico con todas las comodidades modernas.
Si se prefiere un contacto más directo con la naturaleza, el Can Blanc Hotel, situado a las afueras y muy cerca de la Fageda d’en Jordà, es ideal. Dispone de amplios jardines y piscina, y alberga el emblemático restaurante La Deu, famoso por su cocina tradicional catalana.
Conclusión
Santa Pau es mucho más que un bonito pueblo medieval. Es un destino completo que ofrece una inmersión profunda en la historia, la naturaleza y la gastronomía de una de las comarcas más fascinantes de Cataluña. Su capacidad para combinar un patrimonio arquitectónico excepcional con un paisaje volcánico único lo convierte en un lugar verdaderamente especial.
El recorrido por su casco antiguo transporta al visitante a otra época, donde cada piedra y cada arco cuentan la historia de barones y mercados. La Plaza Mayor, el castillo y sus calles empedradas conforman un escenario de una belleza atemporal, que se graba en la memoria de quien lo visita.
Al mismo tiempo, el entorno del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa ofrece una aventura al aire libre incomparable. Caminar por la Fageda d’en Jordà, asomarse al cráter del Santa Margarita o descubrir los secretos del Croscat son experiencias que conectan al viajero con la fuerza primigenia de la tierra. Esta dualidad es, sin duda, el mayor atractivo de Santa Pau.
La guinda del pastel la pone su exquisita gastronomía, arraigada en los productos de su tierra volcánica. Los fesols de Santa Pau son el símbolo de una cocina auténtica y sabrosa que completa una escapada perfecta. En definitiva, una visita a Santa Pau es un viaje enriquecedor que satisface al amante de la historia, al entusiasta de la naturaleza y al gastrónomo por igual, consolidándose como un destino imprescindible en Girona.
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